En el debate sobre políticas de juventud, políticas afirmativas, políticas globales, planes jóvenes o como se quieran llamar, lo único que hay en el trasfondo de esas denominaciones es un grupo de personas e instituciones que reflexionan sobre las mismas con el ánimo de avanzar, no tiene pues, ningún sentido que ese enriquecedor, satisfactorio y estimulante debate, sea aprovechado por las personas e instituciones que no quieren avanzar, que no han puesto en marcha ninguna experiencia y que quieren aprovechar este momento para pedir la disoluciones de las áreas, departamentos o concejalías de juventud. Vamos a discutir, a reflexionar, a opinar y a discrepar entre nosotros, pero siempre para avanzar.
La nueva condición juvenil, la transición hacia la vida adulta, o cualquier otra visión sociológica, no justifica en sí misma el cambio de la propuesta metodológica de políticas integrales de juventud.
No existe controversia teórica entre el modelo de intervención pública de los planes integrales y las últimamente denominadas políticas afirmativas. La clave ha de buscarse en la calidad de la intervención y en su orientación política. En este esquema, no puede negarse la necesidad ni la conveniencia de contar con departamentos explícitamente de juventud.
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