La reducción general del nivel de actividad económica ha hecho mella en las cuentas de las empresas cotizadas en 2009.
Los gestores han centrado sus esfuerzos en reforzar la posición financiera de sus compañías, apuntalar líneas de negocio consolidadas y buscar fuentes de capital para mantener sus proyectos de inversión en marcha. La expansión corporativa y la innovación, señas de identidad de la etapa de crecimiento anterior, han sido parcialmente aparcadas en espera de tiempos mejores. Sin embargo y a pesar de este giro estratégico impuesto por las condiciones de entorno, las compañías cotizadas en la Bolsa española no han desatendido sus compromisos de remuneración con los accionistas. Los dividendos han ayudado a muchos inversores a paliar los efectos de la crisis. A pesar del fuerte ascenso de muchas cotizaciones, la rentabilidad por dividendo del conjunto de la Bolsa sigue estando entre las más elevadas de los mercados desarrollados. Por otro lado y ante la sequía de los circuitos de financiación y la necesidad de reforzar los recursos propios, cerca de una treintena de sociedades han apelado al mercado para ampliar su base de capital.
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