La mayoría de los españoles lo conocieron mientras cursaban el bachillerato. Y muchos ya no dejaron nunca de leerlo. Sus novelas recogieron los últimos latidos del mundo rural castellano, con paisajes austeros pero llenos de matices, y con personajes tiernos y defectuosos, como los de verdad. Miguel Delibes vendía anualmente cientos de miles de ejemplares porque fue un gran trabajador de la literatura.
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