En sus orígenes, el tradicionalismo católico se alimenta del Syllabus de Pío IX (1864) y de la Encíclica Pascendi de Pío X (1907) y de su juramento antimodernista (1910). El carácter específico del caso español deriva del rol satisfecho por el país como paladín de la Contrarreforma político-religiosa y del arraigo popular del sentimiento contrarrevolucionario engendrado por la invasión francesa y la guerra de la Independencia. Su auténtico mito fundacional es la Reconquista, si bien destaca también la expansión colonial hacia América como misión evangelizadora y la resistencia frente a la Reforma Protestante. Subyace a sus planteamientos una visión maniquea y apologética de la realidad. Desde una lectura agustiniana de la lucha a muerte entre la ciudad de Dios y la ciudad de Satán, el Bien se encarna en la España católica, tradicional, autoritaria, heterónoma y jerárquica y el Mal en la anti-España, filosófica, racional, liberal, autónoma, democrática y pluralista (por ejemplo, el Krausismo y la Institución Libre de Enseñanza).
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