En los últimos años se han comercializado dos nuevos bloqueadores neuromusculares (BNM), cisatracurio y rocuronio, especialmente diseñados para su uso en pacientes críticos. El cisatracurio tiene menos toxicidad que el atracurio. Al necesitarse menos dosis para alcanzar el mismo efecto, se libera menos histamina y se produce menos laudanósido que con el atracurio. El rocuronio presenta diferencias con respecto a su predecesor, el vecuronio, ya que tiene mayor rapidez de acción y no se metaboliza a metabolitos activos. Ambos BNM aportan, a nuestro juicio, potenciales ventajas y mayor seguridad para su uso en los pacientes críticos. Sin embargo, su uso prolongado no está exento de posibles complicaciones, como la producción de alteraciones neuromusculares. Una correcta monitorización de sus efectos para proporcionar la menor dosis necesaria durante el menor tiempo posible puede evitar estas complicaciones.
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