Como en casi todo, en la Iglesia hay clases. Están los de abajo, párrocos sencillos, curas de la liberación, teólogos comprometidos, personas que aman a los otros. Y están los de arriba: la iglesia oficial, las sectas. Personas, amparadas en la ortodoxia, que en realidad lo que aman es el poder. Por desgracia, son los que mandan. Así ha sido siempre, y así parece que va a seguir siendo.
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