La obesidad se caracteriza por el aumento de tejido adiposo como resultado del desequilibrio entre ingesta y gasto energético. Estudios recientes han puesto de manifiesto que la función del adipocito es más compleja de lo que pudiera parecer a priori. Esto es debido a sus múltiples funciones y su integración en un intricado sistema homeostático que garantiza la optimización de recursos energéticos. Como sensores del estado metabólico corporal, los adipocitos y las células de la estroma vascular que los rodean producen y segregan una serie de factores autocrinos, paracrinos y endocrinos capaces de regular aspectos propios del desarrollo del adipocito, así como efectos en órganos periféricos de relevancia metabólica. La modulación de estos efectores endocrinos podría dar origen a nuevas aproximaciones terapéuticas focalizadas en aspectos relacionados con adipogénesis, diferenciación y proliferación de preadipocitos, liberación y secreción de citocinas inflamatorias, vascularización del tejido adiposo, modulación del metabolismo lipídico o alternativamente mediante la modulación de la disipación de energía en mitocondrias. En el estudio de mecanismos de adipogénesis y remodelado del tejido adiposo en relación con el tamaño y la función de los adipocitos podría considerarse una estrategia alternativa poco ortodoxa para mejorar los efectos metabólicos relacionados con la obesidad, que consiste en aumentar la capacidad de almacenamiento del tejido adiposo y prevenir el fenómeno tóxico conocido como lipotoxicidad.
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