El trasplante de órgano sólido puede ser la única alternativa terapéutica en ciertos pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). La experiencia acumulada en América del Norte y Europa en los últimos 5 años indica que la supervivencia a los 3 años del trasplante de órgano sólido es similar a la de los pacientes no infectados por el VIH. Los criterios consensuados para seleccionar a los pacientes infectados por el VIH con indicación de trasplante son: no haber tenido infecciones oportunistas (a excepción de la tuberculosis, candidiasis esofágica o neumonía por Pneumocystis jiroveci antes carinii), tener una cifra de linfocitos CD4 > 200 cél./µl (100 cél./µl en el caso del trasplante hepático) y una carga viral del VIH indetectable o suprimible con tratamiento antirretroviral. También se exige una abstinencia a la heroína y cocaína de 2 años de duración, pudiendo estar el paciente en programa de metadona. Los principales problemas del período postrasplante son las interacciones farmacocinéticas y farmacodinámicas entre los antirretrovirales y los inmunosupresores, el rechazo y la posibilidad de que la recidiva de la infección por el virus de la hepatitis C (VHC), que es una de las principales causas de mortalidad postrasplante hepático, siga una evolución peor. La experiencia del tratamiento con interferón pegilado y ribavirina es escasa en esta población hasta el momento actual
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados