Por nosotros que no quede. Año tras año la sociedad invierte un considerable volumen de tiempo, esfuerzo y recursos en tratar de perfilar y conocer a los adolescentes. Obviamente, no nos mueve a ello el mero afán de satisfacer una curiosidad antropológica o sociológica, sino el deseo de comprenderles mejor y encontrar así vías para optimizar su desarrollo. Para entenderles, suele aconsejarse como primer e indefectible ejercicio recordar nuestros propios años adolescentes, una práctica que en no pocas ocasiones logra relajar nuestra mirada y aumentar la empatía, si bien acaba por topar finalmente con algún tipo de reparo, de resistencia íntima, verbalizada el modo de un "sí, pero nosotros no éramos así", de manera tal que nuestro intento de aproximación a la vivencia del adolescente acaba por traducirse en un juego de asíntotas.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados