El cáncer de mama diseminado es una enfermedad heterogénea con un curso variable, desde una evolución lenta y progresiva hasta una tórpida y rápida progresión.
El manejo de esta entidad es multidisciplinario. El objetivo del tratamiento es la paliación ya que se trata de una enfermedad incurable en la mayoría de los casos.
Entre las distintas opciones de tratamiento nos encontramos con la hormonoterapia, la quimioterapia y los nuevos agentes biológicos. Los factores predictivos de respuesta al tratamiento son la expresión de los receptores hormonales de estrógeno y progesterona y la expresión del receptor del factor de crecimiento epidérmico humano tipo 2 (Her2) para la hormonoterapia y trastuzumab respectivamente. La quimioterapia no tiene en el momento actual ningún marcador molecular que nos permita a priori conocer cuál es el régimen más apropiado para una determinada paciente. Estos tratamientos nos van a permitir reducir la sintomatología que produce el tumor, mejorar la calidad de vida, prolongar y eventualmente, aumentar la supervivencia de las pacientes con cáncer de mama diseminado.
La elección del tratamiento a seguir depende de las características clínicas de la paciente, los parámetros que mejor definan el grupo de riesgo de la enfermedad, los factores predictivos de respuesta y los deseos de la paciente. Una buena comunicación entre el oncólogo y la paciente, explicando en cada situación los beneficios y riesgos de la intervención terapéutica, permitirá un mejor manejo de la enfermedad.
Los avances que han acontecido en los últimos años en el conocimiento de la biología molecular del cáncer de mama han permitido identificar mecanismos genéticos responsables de que una célula normal adquiera el fenotipo maligno. Las nuevas terapias biológicas dirigidas a dianas específicas tienen como objetivo diseñar tratamientos más individualizados que permitan una mayor eficacia y una menor toxicidad.
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