Pocas cosas quedan de Larra, el hombre. Un grupo genético, un mechón de pelo, cartas... La levita y la blusa ensangrentada de dandy ascético. Suficiente para dar alas a la presencia de una de las figuras más importantes de las letras españolas. Y ahora más que nunca, al cumplirse el Bicentenario de su nacimiento, ha llegado el momento de invocar la compleja personalidad del Pobrecito Hablador que en sus horas finales se quejaba de "estar condenado a decir lo que nadie quería escuchar".
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