En cuestiones religiosas, Charles Darwin se declaró agnóstico. Esta actitud reservada, aunque prudentemente tolerante, nada combativa, fue la divulgada por la familia. Sin embargo, la publicación de su Autobiografía, sin las omisiones realizadas por Francis Darwin y Emma Wedgwood, revela un Darwin menos dócil, mucho más crítico con la religión, que afirma con contundencia que el cristianismo es una doctrina perversa.
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