La hibridación como forma artística aparece estudiada aquí como una respuesta adecuada para poder hablar de un mundo en continua metamorfosis, fragmentario y sin centro. Para estudiar este fenómeno se recorren distintos movimientos y exposiciones para rastrear esta forma en diálogo con un opuesto, la frontera, para determinar finalmente un tipo de arte que una representación y praxis sobre nuestro entorno, al introducir también entre las variables el concepto de identidad unido a prácticas artísticas de corte documental.
Todo ello desembocará en la necesidad de diferenciar dos niveles en el análisis y enseñanza de la obra: uno social, que tiene que ver con factores de reconocimiento y creación de realidad, y otro epistémico, del que se pueden dar razones en relación con su capacidad de comunicación.
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