El siglo XXI será el siglo de la gente. Durante siglos, el pueblo no ha figurado en el escenario. Ha sido admitido, a lo sumo, como espectador. ¿Podemos de verdad cambiar el curso de los acontecimientos? ¿Hay espacios "razonables" para la esperanza?La diversidad sin fin, hasta el límite de la unicidad, la gran riqueza. Y cada persona, dotada de la facultad distintiva de crear. Esa es nuestra esperanza, ésta es la cualidad que evita el fatalismo, la predicción del comportamiento humano. Si sabemos elevar la voz pacíficamente y firmemente, podemos cambiar el curso de los acontecimientos a través del diálogo, del conocimiento y entendimiento recíprocos, de la conciliación.
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