Si bien la mayoría de los filósofos admiten un tipo de conocimiento privilegiado y primario, que suele denominarse “intuición”, luego discrepan en cuanto a determinar su noción precisa y sus condiciones. Ello parece deberse a la introducción del viejo dualismo antropológico y del teologismo, especialmente a partir de Escoto y de Guillermo de Ockham. Se impone una reflexión profunda sobre un tema capital del conocimiento. El autor, después de arduos análisis, llega a la conclusión de que habría que volver a la determinación clásica de los griegos, entendiendo la intuición (nóesis) propiamente como opuesta solamente al razonamiento (diánoia); y descartando también la condición de la presencia física del objeto para la intuición.
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