En el dilatado período del siglo XIX que transcurre entre la muerte de Fernando VII, el 29 de Septiembre de 1833, y la conclusión de la Tercera Guerra Carlista, 28 de febrero de 1876, la ciudad de Calatayud, entonces la segunda población de Aragón, constituyó siempre un excelente objetivo militar y propagandístico para los carlistas. Además, era una plaza codiciada por su ubicación geográfica, en el itinerario más directo entre Madrid y Zaragoza y en las proximidades de uno de los grandes núcleos del carlismo, cuyo corazón era el Maestrazgo.
Durante la Primera Guerra la ciudad vivió en un continuo sobresalto, desde 1835 sufrió cinco invasiones; la última, en 1838, fue protagonizada por el propio Cabrera. Después se produjo un importante conato de ocupación por el carlista Marco de Bello en 1855. Sin embargo, en la Tercera Guerra la población no llegó a ser asaltada en ningún momento, aunque debió atender nuevamente a su defensa y a la protección del ferrocarril Madrid-Zaragoza, vital para los Teatros de Operaciones del Norte
In the vast period f the nineteenth century that elapses between the death of Fernando VII, on 29 September 1833, and the Third Carlist War, on 28 February 1876, the city of Calatayud, then the second population of Aragon, was always an excellent military and propaganda target for the carlists. In addition was a place coveted by its geographical location, in the most direct route between Madrid and Zaragoza and in the vicinity of one of the largest settlements of carlism, whose heart was the Maestrazgo.
During the first Carlist War, Calatayud lived in a continuous shock, since 1835 suffered five invasions, the last one in 1838 led for Cabrera himself. Then there was a significant attempt of occupation by carlist Marco Bello in 1855. However, in the Third Carlist War the city failed to be assaulted at any time, but taking up one more time to his defence and protection of the railway Madrid-Zaragoza, vital for the Northern Theatre of War.
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