Esta conferencia intenta responder a una interrogante que me perseguía desde hace tiempo: por qué, a pesar de la inmensa emoción experimentada con la escucha de la música de Maurice Ravel, hablan los musicólogos de "estética de la impostura", de "pastiche", de "falsas apariencias", de "máscara", de "artificio", etc. La respuesta me parece encontrarse en la especificidad de una herencia vasca, que, por lazos genealógicos de la parte materna, comprende la lengua, los cantos, la danza, la mitología, los juegos, los usos, etc., y determina una manera de ser. Quedaba por último encontrar anologías entre la música de M. Ravel y los diferentes componentes de una memoria vasca antes de establecer sus relaciones.
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