El 7 de febrero de 2008 falleció en León una mujer de 51 años a consecuencia de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob. Era la tercera víctima española que se cobraba la llamada crisis de las vacas locas, que llenó de titulares e incertidumbre la actualidad del año 2001. Las tres muertes revelan que la biología casi siempre acaba pasando factura y añaden un nuevo capítulo �el más duro� a un caso del que pueden extraerse interesantes conclusiones de tipo científico, sociológico y hasta político. Una muerte siempre es un drama, pero parece claro que ha habido una desproporción entre la alarma social de hace unos años y el alcance real de la pretendida epidemia.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados