La cantidad de residuos orgánicos capaces de ser valorizados energéticamente supera ampliamente los 10 kg/persona y día. Por tanto, en un escenario energético lleno de sobras, donde lo único seguro es el incremento del precio de la energía, parece razonable intentar usar nuevas tecnologías de conversión energética para abastecerse de energía a partir de una gama de residuos.
Para reducir costes de energía y, de paso, paliar el efecto que puedan tener los gases de efecto invernadero sobre el cambio climático, en los últimos tiempos han ido surgiendo nuevas tecnologías que permiten tasas de conversión energéticas muy interesantes.
Por otro lado, la administración ambiental ve con buenos ojos la valorización energética como hace ya años se está haciendo en Centroeuropa. Las nuevas tecnologías deben permitir cumplir con algún o más de uno de los principales objetivos para la gestión de la energía, que son:
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