Introducción. Clásicamente, la oclusión de la arteria basilar ha sido considerada una entidad de mal pronóstico y con alta tasa de morbimortalidad. Estudios prospectivos más recientes sugieren, sin embargo, un pronóstico más benigno.
La arteria basilar se afecta sobre todo por la arteriosclerosis, pero también puede ser asiento de embolismos, disecciones, aneurismas y otras afecciones como la displasia fibromuscular.
Caso clínico. Un hombre de 46 años fue ingresado por un episodio transitorio de ataxia y disartria. El Doppler transcraneal reveló un flujo estenótico en la arteria basilar con señales microembólicas distales a la estenosis. La angiografía por resonancia magnética (RM) demostró una displasia fibromuscular aislada en la arteria basilar que causaba una estenosis mayor del 50 % sin lesiones parenquimatosas. Se inició tratamiento anticoagulante y 10 meses después, permaneciendo el paciente asintomático, una RM de control mostraba una disección que evolucionó a oclusión completa de la arteria basilar. Su porción distal se rellenaba por flujo inverso desde ambas arterias comunicantes posteriores. La anticoagulación fue suspendida.
Discusión. La displasia fibromuscular de la arteria basilar es rara y habitualmente asintomática. Aunque puede desembocar en una disección, la presentación clínica más frecuente es el ictus isquémico secundario a la estenosis. Las disecciones intracraneales se asocian con riesgo de hemorragia subaracnoidea. Pese a ello, muchos autores recomiendan el tratamiento anticoagulante para la displasia fibromuscular.
La oclusión de la arteria basilar, como muestra este caso, no siempre conlleva un mal pronóstico. Éste está determinado, al menos en parte, por la presencia de una circulación colateral adecuada
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