La mayoría de los dólmenes de la Península Ibérica, así como los del sur y oeste de Francia tienen una determinada orientación. ¿Necesitaron sus constructores recurrir a la tradición para establecer dicha orientación y, en tal caso, estaban las costumbres determinadas por la astronomía? La respuesta a ambas preguntas es afirmativa, y de hecho la aplastante mayoría de estas construcciones están orientadas en dirección a la salida del sol, a alguno de los momentos en que éste se eleva en el horizonte
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