La ampliación subterránea del Museo Nelson-Atkins emerge a la superficie a través de una serie de pequeños pabellones de vidrio traslúcido, posados sobre las ondulaciones del terreno. A modo de linternas, recogen la luz exterior y la introducen en el edificio. En diálogo con la edificación original, Steven Holl propone una secuencia de espacios sucesivos construida en términos de paisaje.
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