Adentrarse en los textos de Luis Enrique Belmonte, poeta caraqueño nacido en 1971 y licenciado en Psiquiatría, conlleva el riesgo de indagar en las zonas más oscuras del ser humano. Desde el momento en que, hace ocho años, compartiéramos un amanecer luminoso y frío recorriendo los claustros de Salamanca, aprecié que el poeta -quizás por deformación profesional, acaso por su reconocido insomnio- miraba más allá de los objetos, lo que explicaba por qué la noche resulta fundamental en su visión del mundo y por qué la suya puede ser caracterizada como poesía de la conciencia.
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