La pena de muerte tiene una verdadera importancia para las ciudades aragoneses. Es el indicador de su capacidad para ejercer la justicia de sangre a pesar de las fuertes resistencias a introducir el proceso inquisitorio en el reino. La voluntad de huir de la pena capital y de la justicia urbana determina por parte de los justiciables estrategias de confrontación o de negociaciones a escala municipal. Causa también cierto antagonismo con jurisdicciones concurrentes como la del Justicia de Aragón.
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