Las aguas de la cuenca del Tigris y el Éufrates han sustentado una civilización por más de 6 000 años. Como abarca 76,6 millones de hectáreas, la cuenca es de gran importancia para el balance hídrico en Iraq, la República Árabe Siria y Turquía, y también se extiende a la República Islámica del Irán.
Más del 90 por ciento de la cuenca es clasificada como tierra árida. Los bosques abarcan 1,2 por ciento de la superficie terrestre total (918 800 ha), a la vez que los cultivos agrícolas abarcan el 25,4 por ciento y los pastizales el 47,7 por ciento (FAO, 2005, 2007; CESPAO de las Naciones Unidas) (véase el mapa). Los bosques que originariamente eran densos y más extendidos, después de siglos de explotación ¿agravada por las condiciones económicas y ambientales y una historia de disputas¿ redujeron su extensión y modificaron su composición. Cincuenta especies arbóreas endémicas están en peligro de extinción.
A menudo, los recursos hídricos en la cuenca hidrográfica se utilizan excesivamente, se desaprovechan y se contaminan. El riego excesivo y la inundación de los campos han elevado las capas freáticas y han contaminado los suelos con agua salina, lo cual puede causar la pérdida de cosechas y alcanzar los ríos. La fuerte dependencia de la agricultura, especialmente en el uso del riego, los fertilizantes y los productos químicos, combinada con suelos en gran medida arenosos y gipsíferos, ha ocasionado la intensa lixiviación de sustancias químicas en las aguas subterráneas. El consiguiente bombeo excesivo de los pozos ha agravado el problema.
Asimismo, la deforestación tiene repercusiones en la calidad del agua que corre desde las cuencas o se almacena en la capa freática.
La presión demográfica sobre la cuenca es relativamente elevada, con un promedio de 57 personas por kilómetro cuadrado. La zona se ve amenazada no sólo por el rápido crecimiento de la población, sino también por los altos niveles de pobreza, el aumento de la migración del medio rural al medio urbano en la cuenca, la inestabilidad política, el alto índice de desempleo y bajo crecimiento económico, la rápida industrialización que no presta suficiente atención al medio ambiente (lo que ocasiona la contaminación de las aguas, el aire y el suelo) y la escasa planificación del aprovechamiento de la tierra.
La combinación de la población en aumento y el abastecimiento fijo de agua en la cuenca ha significado una menor disponibilidad del agua per cápita. Los países de la cuenca del Tigris y el Éufrates son relativamente ricos en agua respecto a la región del Cercano Oriente donde el agua es escasa en la mayor parte de los países. Sin embargo, la distribución desigual del agua, la insuficiente planificación de construcción de represas y los elevados ritmos de retirada de agua, especialmente para la agricultura, son motivos de conflicto y obstáculos para el desarrollo económico. Con una demanda mayor que el volumen total de agua en los dos ríos, los países de la cuenca han generado disputas; por ejemplo, cuando se consideró que una intervención en un país reducía la disponibilidad de agua del otro. Muchas de las poblaciones de la cuenca dependen de ríos que atraviesan una frontera internacional antes de llegar a los lugares donde aquéllas se encuentran. Algunas no tienen acceso a los ríos y dependen de pozos cuyas aguas están disminuyendo, o de agua marina de costosa desalinización. Los costos de la redistribución de los suministros de agua y de la construcción de nuevas represas, que alcanzan a decenas de millones de dólares, podrían determinar un futuro incierto para algunas ciudades y sus industrias asociadas.
Con el objeto de formular políticas apropiadas para la conservación y la ordenación de los bosques y las aguas, es esencial abordar las formas en que los bosques, las aguas y la población se interrelacionan.
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