Las Buenas Prácticas Agrícolas, y las Fitosanitarias en general, suponen una herramienta fundamental que garantiza la producción de alimentos de calidad, algo que la sociedad actual exige. La utilización correcta y segura de los productos fitosanitarios está íntimamente ligada a las tecnologías disponibles y al nivel formativo y de conocimiento de los usuarios. En este artículo se realiza un repaso a la evolución de las tecnologías en materia de aplicación de cultivos, a la más que importante modificación de la reglamentación, tanto nacional como europea, y a la influencia que todos estos aspectos tienen en el comportamiento y modo de hacer de los usuarios.
Bajo el término Buenas Prácticas Agrícolas se engloban infinidad de conceptos, métodos de actuación, criterios de selección y toma de decisiones, todas ellas encaminadas a la consecución de un objetivo final: hacer que la actividad agrícola se convierta en un sistema productivo económicamente viable y que al mismo tiempo garantice la sostenibilidad, el respeto al medio ambiente y la seguridad a lo largo de toda la cadena alimenticia. No olvidemos que la producción agraria (entendiendo como tal la agrícola y la ganadera) es el primer eslabón de una cadena que acaba en la mesa del consumidor por lo que es absolutamente imprescindible que el punto de partida garantice unos niveles de calidad de acuerdo con las exigencias de la sociedad actual. Sin embargo, todos estos aspectos pueden en muchos casos quedar diluidos o enmascarados tras bellas y prometedoras palabras si tras las mencionadas Buenas Prácticas Agrícolas no se ofrecen soluciones concretas.
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