El Ebro zaragozano, desde Novillas a Fayón, es el clásico río de llanura, que de forma caprichosa, traza amplios meandros que tornean, en vez de atravesar, los obstáculos que asedian su curso. En Velilla, Alforque, Cinco Olivas, y Sástago, el Iberus flumen serpentea sus riberas como basilisco protector, configurando el paisaje y abonando con sus caudales pastos y frutales. La comarca semeja un mosaico colosal, de colores ocres y blancos, jalonado por una línea de esmalte transparente que da identidad al conjunto. Son sus pueblos auténticos remansos de paz, arte e historia, contagiados de la serenidad del padre Ebro. Parecería que al recorrer sus caminos, el viajero se sintiera una pieza más del paisaje, un maravilloso paisaje tallado por excelsas manos en blanco y translúcido alabastro.
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