Robert Castel rinde homenaje en este texto a un profesor liberado de este campo de concentración que, siendo él un muchacho, lo invitó a "amar la libertad y asumir riesgos". Y desde las palabras de reconocimiento a ese hombre, severo y casi desconocido, advierte de la actual banalización del mal y llama a mantener vivo el espíritu de resistencia.
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