Cuando colgué una lámina de "Escena de playa" en mi habitación no sabía lo que hacía. Introducimos realidades en nuestra vida sin mayor reflexión ni certeza sobre las posibles consecuencias. Pensamos que estamos haciendo algo, y luego nos enteramos de que estábamos haciendo algo más: la intimidad escapa a sus propios radares. Por ejemplo, un efecto insalvable del ejercicio de llevar un diario personal es que quedan sin consignación muchos momentos, intuiciones y conversaciones aparentemente irrelevantes, que más tarde se revelarán como auténticos mojones del itinerario biográfico. Lo germinal es por naturaleza invisible, minúsculo como mucho. Pero no sería del todo justo lamentarse: la constatación de esta condición humana, y la humana tendencia a rescribir más apañadamente los hechos, nos han regalado el género literario del diarismo. Y además, a no ser que se sospeche que algo será nocivo de necesidad, el cultivo de una ignorancia general es un factor clave, no solo para llevar un modesto diario, sino para la vida feliz.
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