Es la pieza más pequeña del caótico puzzle africano. Afortunada porque no ha sufrido las cruentas guerras civiles de otros países, Gambia es la cara amable que sonríe al visitante y despliega su colorido bullicio en mercados poco salubres y abarrotados de mercancias. El río Gambia atraviesa su angosto territorio como un estilete y sus márgenes se presentan como un paraíso para los amantes de la ornitología. Pero también asoma la cara turbia de un país con escasa libertad de prensa y con una población que vive sumida en la precariedad, aunque no sobrevuele la amenaza de hambrunas.
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