¿Nunca le des la mano a un médico forense¿, aconseja el refrán. Pero ya es tarde, porque el doctor Gilbert me ha tendido cordialmente la suya, y no puedo negarme. Ha terminado de hacer una autopsia a un cadáver abierto en canal sobre una mesa sucia y desvencijada. No importa; esbozo una sonrisa y olvido mis escrúpulos, porque estoy en Benin, en el fondo de África, a 4.900 kilómetros de Granada. ¿Qué diablos hago en esta morgue perdida de un país africano? ¿No hay suficiente con los dramas que nos muestra la televisión sobre Ruanda o Sudán? Después comprobaré que África es mucho más que el escaparate parcial y apresurado que ofrecen los medios de comunicación. Tendré además la oportunidad de compartir mi descubrimiento con otros dos alumnos de la Universidad de Navarra: José Luis Romero, que estudia 1º de Arquitectura, e Isabel Molina, que terminó Derecho en 1988. Ninguno de los tres hubiésemos sospechado que nuestros caminos terminarían cruzándose en el corazón de África.
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