El uso deíctico de los días de la semana tal como aparece en las lenguas modernas no es un recurso lingüístico propio del latín clásico, sino que su existencia está ligada a la difusión de la práctica cultual cristiana. Su implantación se realiza a través de un proceso de doble substitución del que se explican los condicionantes y las causas a través de ejemplos tomados de la Vulgata, de Egeria y de Isidoro de Sevilla, entre otros.
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