Hemos perdido, con la mayoría absoluta del Partido Popular y el apoyo de CIU, el consenso político y social imprescindible para que la Ley y el reglamento de extranjería permitiesen, por lo menos poner la base para la integración de los inmigrantes sin papeles que sigan llegando. Los cupos presentados como la solución son un engaño, fomentan el racismo y consideran al inmigrante no una persona sino un elemento de producción, un ciudadano de segunda categoría. La Administración Local sufre sus consecuencias; sin recursos, con manifestaciones de xenofobia y graves riesgos de ghetto en sus barrios periféricos, tienen que afrontar los efectos del problema global y luchar por una difícil integración social y ciudadana.
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