La personalidad de Cajal está animada sustancialmente por elementos caracterológicos y temperamentales de neta estirpe aragonesa. Don Santiago fue aragonés por raigambre y por virtudes intelectuales y morales. Y pronto, un apasionado de «la tierra desnuda y luminosa del riguroso Aragón que le vio nacer», como señaló Gregorio Marañón.
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