Los organismos fitopatógenos causan importantes pérdidas en los cultivos y en los productos cosechados, disminuyendo su calidad, destruyéndolos o inutilizándolos. Por ejemplo, pensemos en hongos del tipo Aspergillus productores de toxinas como las aflotoxinas que pueden contaminar muchos productos vegetales reduciendo su calidad cuando son almacenados o procesados en condiciones que favorecen el crecimiento de este tipo de hongos. Actualmente, el control de los fitopatógenos se realiza principalmente con el uso de productos fitosanitarios. Sin embargo, su utilización está cada vez más regulada limitando considerablemente los compuestos efectivos que pueden ser aplicados, debido a los efectos negativos sobre el medio ambiente y la salud humana que presentan muchos de ellos y a que su uso continuado ha llevado al desarrollo de resistencias. La creciente demanda de producción y la limitación del uso de productos químicos, hacen necesaria la búsqueda de nuevas estrategias para el control de enfermedades. La ingeniería genética de plantas, integrada de una manera adecuada con los sistemas de mejora genética tradicionales, representa una aproximación eficaz para la obtención de variedades resistentes a fitopatógenos. Una de las estrategias genéticas posibles para la generación de las plantas resistentes es la expresión de genes que codifiquen péptidos antimicrobianos capaces de destruir o inhibir el crecimiento de hongos y bacterias patógenas. A continuación se presentarán las características de los péptidos antimicrobianos que los convierten en candidatos idóneos para la mejora genética de plantas y se citarán algunos ejemplos representativos de los resultados obtenidos mediante su expresión en transgenia.
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