La producción de telas de lana representó la industria manufacturera predominante del Perú colonial y era una manifestación de la economía española rural. Observadores contemporáneos percibieron uniformemente la introducción del comercio libre en 1778, con sus importaciones extensas transatlánticas de textiles más baratos y superiores de calidad, como la razón inmediata de un precipitado declive de dicho sector. Sin embargo, esta opinión general es contradecida por documentación primaria. Los manufactureros de la región norte (Cajamarca y Huamachuco) experimentaban en realidad un período de prosperidad a mediados del siglo XVIII, parcialmente como consecuencia de la legalización de reparto, pero sobre todo a raíz del descubrimiento de ricos depósitos de plata en Hualgayoc. Los dos centros textiles del sur (Huamanga y Cuzco), en contraste, ya mostraron síntomas de decaimiento alrededor de 1760, cuando los precios por sus productos manufactureros cayeron dramáticamente, primero en los mercados del Alto Perú más tarde en los mercados regionales. Las repercusiones de la rebelión de Túpac Amaru (1780 a 1783) juntos con agitaciones políticas a principios del siglo XIX debilitaron la industria fundamentalmente: el capital se erosionó, el comercio no se recuperó y la escasez de lana impidió la producción manufacturera.
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