La Celtiberia se ubica en un ámbito paisajístico y geográfico heterogéneo, aunque dotado de coherencia y elementos compartidos; entre otros, un fuerte componente agreste y accidentado, con una altitud media de 900 metros. Si atendemos al devenir histórico, ha sido y es, ante todo, un territorio fronterizo, que tiene en su mestizaje histórico una de sus principales fuentes de riqueza. De ahí la variedad extrema de formas culturales, artísticas y antropológicas que hallamos a lo largo del Sistema Ibérico, que se manifiestan de modo emblemático en la coexistencia del lega- do peninsular más importante en yacimientos célticos y mudéjares. Y es que en este espinazo montañoso se ha escenificado varias veces a lo largo de la historia el encuentro entre los dos polos que han definido Europa: el mediterráneo -iberos, griegos, fenicio-púnicos, romanos, árabes- y el indoeuropeo -celtas, germanos, "francos" o cristianos medievales de allende los Pirineos-. Así ha llegado a constituirse el único espacio de la Unión Europea en el que están presentes las cuatro culturas, las tres del Libro y la céltica.
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