La religiosidad celtibérica se ajusta a los parámetros que se entienden como esenciales a la céltica, considerada ésta como un conjunto de actitudes y no como doctrina reglamentada. Las precarias condiciones documentales, empero, son determinantes para nuestro saber. La oralidad vertebró el alma de todas las sociedades célticas y la escritura sólo fue común a causa del contacto con el mundo mediterráneo. Así pues, nos hallamos ante pueblos que sólo nos han legado epígrafes en época muy avanzada, casi siempre en alfabeto y lengua latinas: las informaciones clave en lengua indígena (la inscripción de Peñalba de Villastar, el Bronce de Botorrita) resultan de una severa complejidad de interpretación.
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