Durante un siglo, el diagnóstico microbiológico de la tuberculosis, basado en la baciloscopia y en el aislamiento e identificación de Mycobacterium tuberculosis en los cultivos, ha sido poco sensible y lento lo que obligaba en ocasiones a iniciar de forma empírica tratamiento con tuberculostáticos.
La incorporación rutinaria de medios de cultivo líquidos y técnicas de genética molecular, en la última década del siglo XX, ha supuesto un avance importante al aumentar claramente la sensibilidad, precisión y rapidez en el diagnóstico.
La actual eclosión de las técnicas moleculares está permitiendo un mejor conocimiento de la epidemiología de la enfermedad, de los factores de virulencia y de los mecanismos de resistencia lo que dará lugar, en un futuro inmediato, a nuevas estrategias de prevención y tratamiento de la enfermedad.
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