Cuando Juan Pablo II visitó Río de Janeiro en 1997, algunos periodistas le recordaron el titular de un diario sobre la eliminación de la selección polaca por parte de la escuadra verdeamarelha en el Mundial de Fútbol de México 86. El periódico decía: ¿Si el Papa es polaco, Dios es brasileño¿. Juan Pablo II respondió con una gambeta digna de Ronaldinho: ¿Si Dios es brasileño, el Papa es carioca¿. La frase motivó una ovación atronadora. Esa anécdota volvió a la memoria de algunos periodistas brasileños en la víspera de la llegada de Benedicto XVI a Sao Paulo. Los hombres de prensa se preguntaban: ¿¿Tendrá este Papa alemán el carisma de su predecesor?¿. Benedicto XVI se encargó de demostrar que, además de ser un pastor enérgico, es un padre entrañable. Y planteó un gran reto: que Latinoamérica pase de ser el ¿Continente de la Esperanza¿ al ¿Continente del Amor¿.
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