La represión sobre los mandos de la Guardia Civil en Barcelona tras la ocupación de la ciudad en 1939 fue extrema ya que fueron considerados los culpables del fracaso de la sublevación militar. A la condena política se añadió su criminalización personal. El caso de Pedro Garrido ejemplifica la actuación de un oficial claramente republicano durante la guerra civil. Su trayectoria, ya anterior a la sublevación, hasta su detención el 29 de marzo de 1939 le llevaría a la ejecución en el Camp de la Bota. Forma parte de una memoria democràtica dentro de la Guardia Civil que no ha sido rehabilitada.
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