Este trabajo analiza la situación española en la que se combina un notable nivel de desigualdad regional con flujos migratorios netos de escasa entidad. Para ello se considera que lo relevante en la decisión de emigrar son las diferencias espaciales en la retribución del capital humano en vez de renta per cápita o salario por trabajador, tal y como indican los resultados empíricos obtenidos al analizar las migraciones interprovinciales durante el periodo 1964-93. En la medida en que las diferencias regionales se deben a las distintas dotaciones de capital humano, los incentivos a la migración son igualmente escasos. Por consiguiente, no cabe confiar en que las migraciones contribuyan de modo importante a la convergencia espacial en España, que estaría condicionada por la propia convergencia en las dotaciones de capital humano, un proceso lento por naturaleza.
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