El autor analiza la estructura de los flujos turísticos a través de diferentes grupos de edad: niños, jóvenes adultos y tercera edad, así como también las posibilidades físicas del territorio para ofrecer servicios de ocio adecuados a cada grupo de edad. Anota el riesgo que implica la creación de urbanizaciones turísticas carentes de vitalidad. Las necesidades de divertimiento podrían determinarse teóricamente a través de dos vertientes distintas, pero complementarias: La estructura de las poblaciones turísticas y sus tendencias, y las posibilidades físicas de la zona.
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