Se dice 252 veces la palabrota "fuck", a razón de casi tres por minuto. Este filme noir, ópera prima del freaky que cambiaría el cine de los 90, noqueó a crítica y público mientras Bush padre seguía metiendo caña a los iraquíes. Tarantino convenció a Harvey Keitel, dio al play de su trituradora emocional y vomitó arte.
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