El conflicto estudiantil se reorienta, con un sentido educativo y formativo, hacia una mayor participación del alumnado en la dinámica de funcionamiento del instituto. Un documento inicial invita a los jóvenes a reflexionar sobre su actitud en la huelga del día anterior: por qué la habían secundado, qué información tenían sobre ella y qué reclamaban. A raíz de esta experiencia, se pone en marcha la junta de delegados del centro, que se organiza en tres comisiones de trabajo: permanente, de negociación y de dinamización interna.
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