La desamortización y exclaustración acabó con la presencia de la mayoría de las ordenes religiosas en Cuba a mediados del siglo XIX, e inició un proceso creciente de secularización en la sociedad cubana, en cuyas clases media y alta era ya visible un claro indiferentismo religioso. Aunque tras la firma del concordato entre España y la Santa Sede en 1851, las órdenes religiosas fueron autorizadas a regresar a la isla, los franciscanos no lo bicieron basta 1887, experimentando un crecimiento constante de su presencia y actividad pastoral desde la independencia de la isla basta el triunfo de la revolución castrista en 8959. Adaptándose perfectamente a las necesidades de la sociedad cubana de la época, la labor de los franciscanos destacó en los campos de la educación elemental, la asistencia social y la dirección espiritual del asociacionismo laico católico, en especial la Acción Católica.
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