Objetivo. Comparar la eficacia y seguridad de un gel de prostaglandina E2 (PGE2) intracervical (Prepidil) con la de un dispositivo vaginal de PGE2 (Propress), para la maduración cervical y la inducción de parto. Material y métodos. Un total de 200 gestantes con test de Bishop desfavorable (< 6) y que precisaban inducción de parto fueron seleccionadas en el contexto de un muestreo no probabilístico de casos consecutivos y tratadas con PGE2. Cien gestantes recibieron una dosis de PGE2 intracervical que se repitió a las 24 y 48 h si el cérvix permanecía desfavorable. Si pasadas 48 h de la dosis inicial el parto no se había desencadenado, se procedía a la amniotomía e inducción oxitócica. Del mismo modo, se procedía con otras 100 mujeres a las que se aplicó PGE2 en dispositivo vaginal. Se valoraron las características de las gestantes, el número de aplicaciones, el intervalo entre la aplicación y el comienzo del parto, el tipo de parto, el resultado perinatal y los efectos secundarios. Para la comparación estadística de resultados se utilizó el paquete informático SPSS 10,0, y se consideraron significativos valores de p < 0,05. Resultados. Las características de las pacientes fueron similares, lo que permite que la comparación sea exacta. En el 76% de los casos tratados con gel intracervical, el trabajo activo de parto comenzó tras la primera aplicación, frente al 78% de los casos en que se utilizó el dispositivo vaginal. Ambos procedimientos se mostraron más eficaces en multíparas que en nulíparas. En el 55% de los casos, el intervalo entre la aplicación del gel intracervical y el comienzo del parto fue < 12 h, frente al 40% de los casos en que se aplicó el dispositivo vaginal. No obstante, el intervalo medio entre uno y otro procedimiento apenas mostró diferencias: 17,06 h para el gel y 18,46 h para el dispositivo vaginal. Este intervalo fue menor para ambos procedimientos en las multíparas (10,82 frente a 15,40 h). La tasa de cesáreas fue del 27% para el gel intracervical y del 24% para el dispositivo vaginal. Esta diferencia no fue estadísticamente significativa. En el primer grupo se practicaron un 5% de cesáreas por fracaso de inducción y un 3% en el segundo. Una segunda aplicación se asoció a una mayor tasa de cesáreas, siendo el porcentaje mayor en el grupo tratado con gel intracervical con diferencias estadísticamente significativas (p < 0,005). En los 2 procedimientos utilizados, la cesárea fue más frecuente en nulíparas que en multíparas, con diferencias significativas en el grupo del dispositivo vaginal, si bien estas diferencias no llegaron a ser significativas en el grupo de gel intracervical debido al escaso número de multíparas en este grupo. El resultado perinatal y los efectos secundarios no mostraron diferencias en los 2 grupos estudiados. Conclusión. Ambas formas de PGE2 son seguras y eficaces, si bien la aplicación del dispositivo vaginal se asocia a una menor tasa de cesáreas cuando es necesaria una segunda aplicación, lo que puede estar en relación con una menor tasa de cesáreas por fracaso de inducción con respecto al gel intracervical y la mayor paridad en este grupo. Si a ello se une la facilidad para su colocación y retirada, es evidente que el dispositivo vaginal es una alternativa fiable para la maduración cervical e inducción del parto.
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