Las políticas de apoyo a la industria están sufriendo en España una profunda renovación. Ello es debido a que los factores de competitividad han cambiado en muy poco tiempo. Así, mientras a principios de los noventa todavía éramos un país con capacidad de atraer inversiones por el nivel de calidad de los proveedores y los bajos costes laborales y ello, permitía a las empresas ser competitivas, tanto en los mercados interiores como en los exteriores, hoy en día el escenario es radicalmente distinto. La calidad se da por descontada, los costes laborales han aumentado y la competencia exterior ha crecido debido a la globalización de los mercados.
En este escenario cobra protagonismo un nuevo factor de competitividad, la capacidad de innovar de las empresas, la capacidad de desarrollar nuevos productos y nuevos procesos productivos. Y es en este escenario que se convierte en imprescindible la incorporación de conocimiento externo a la empresa y el aprovechamiento de todos los recursos que el entorno local pone a disposición de las empresas.
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