Es indudable que el intelectualismo ha sido uno de los ta-lantes más habituales para aproximarnos al acontecimiento de la fe. El conocido teólogo J. M. Castillo llama la atención en este trabajo sobre la importancia de recuperar los senti-dos y salvar, con ello, el divorcio existente entre el edificio especulativo construido para la explicitación de la fe y la vida misma. No fue una doctrina acabada, sino el ver, el palpar y el compartir lo que hizo enrolar a los discípulos de jesús en su seguimiento.
Místicos y profetas: dos identidades religiosas
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