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Nuevas experiencias en el proceso de integración regional en América Latina: el Mercosur

  • Autores: Jorge Rafael Di Masi
  • Localización: Revista de humanidades: Tecnológico de Monterrey, ISSN 1405-4167, Nº. 5, 1998, págs. 101-120
  • Idioma: español
  • Texto completo no disponible (Saber más ...)
  • Resumen
    • Los primeros años de la década de los ochenta manifestaron un cambio sustancial en las relaciones internas y exteriores de los países de América Latina. La restauración de las instituciones democráticas en casi todo el continente trajo consigo la preocupación por iniciar un nuevo camino de cooperación necesaria para recuperar las economías luego de años de decadencia. En este sentido la idea que primó fue la de darle un marco político más amplio al proceso de integración. Así se tomaron iniciativas como la creación del Grupo de Contadora, el Consenso de Cartagena, el Grupo de Apoyo a Contadora y el Grupo de los Ocho. Todas ellas destinadas a promover el diálogo político entre los líderes latinoamericanos que condujera a una mayor unión de los pueblos frente a problemas comunes como la deuda externa, la falta de paz en Centroamérica y el subdesarrollo, entre otros. Dentro de este contexto, las nuevas democracias del Cono Sur revisaron las formas de cooperación económica que habían practicado en las dos décadas anteriores e imaginaron un nuevo instrumento: los Protocolos de Integración entre Brasil y Argentina. Estos acuerdos tenían un carácter gradual, progresivo y sectorial. Avanzaban a medida que se lograba el consenso necesario. Éste fue el punto de partida de un proceso que derivaría -luego de la inclusión de Uruguay y Paraguay- en la firma del Tratado de Asunción por el cual se crea el Mercado Común del Sur. Asumido como política de Estado por los distintos gobiernos que se sucedieron en los cuatro países, los resultados económicos fueron sorprendentes, y la clave fue justamente el haber mantenido al Mercosur como prioridad más allá de las disputas partidarias. Sin embargo, como toda herramienta, puede ser utilizada para distintos objetivos. Y aquí es donde se plantea el futuro del Mercosur y su inserción internacional como grupo. En tanto los gobiernos sean capaces de utilizar al Mercosur como una herramienta -dentro de una visión más amplia de una verdadera integración- para fortalecer los lazos con el resto de América Latina, promover el bienestar conjunto y asegurar las libertades y la democracia en el continente, habrá sido útil el esfuerzo de su construcción. Si sólo sirve para ponerse a tono con el discurso dominante a nivel internacional sobre la necesidad de liberalizar el comercio y abrir las economías a ultranza, malas son las perspectivas. Definir este debate es uno de los principales desafíos del Mercosur. Todavía estamos esperando las repercusiones de la crisis de Asia por estas tierras. Mucho se ha hablado del fin del "milagro asiático" y hasta con cierto regocijo en algunos casos. Por haber sido justamente un proceso nada "milagroso", con lo sobrenatural que ese término conlleva, sino producto de políticas económicas acertadas, el fin todavía está lejos y las reformas que hagan las economías del Este de Asia seguramente los llevarán a recuperar la senda del desarrollo en poco tiempo. Una vez más, tanto en el caso de Asia como en el Mercosur, se plantea el debate sobre cuál es el papel que el Estado ha jugado o jugará en el desarrollo de los países y qué capacidad de maniobra o grado de autonomía ha acumulado, un país o grupo de países, para manejarse de acuerdo con sus intereses en el sistema internacional.


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